Sra Montoto:
Llevo ya nueve semanas en el dique seco, y es la primera vez en mi vida que estoy de baja por ansiedad, depresión, hipertensión, insomnio, llámelo como quiera; también espero que sea la última. Tanto tiempo me ha permitido reflexionar y analizar por qué ha podido suceder esto. Los médicos lo tipifican como enfermedad común, pero está meridianamente claro que se trata de una enfermedad laboral, con un culpable claro. Y ése no soy yo.
Antes de la baja yo llevaba varias semanas acudiendo al trabajo con desgana, deprimido, cansado, sin fuerzas. A toro pasado, puedo asegurar que no debería haber acudido a trabajar en esas condiciones. Estaba equivocado en mi concepto de la responsabilidad. Mi baja debería haber empezado antes.
Un controlador de tráfico aéreo, espero que comparta mi opinión, no debe trabajar a no ser que se encuentre en condiciones óptimas. Las décimas de segundo que tiene para tomar cada una de sus decisiones requieren plenitud física y mental. Lo cual requiere, a su vez, un cierto descanso. Y no está de más que la vida fuera del trabajo tenga también cierto orden.
Yo no reunía estas circunstancias. Y las condiciones en las que se me obligaba a ejercer mis funciones hicieron que me subiera considerablemente la tensión arterial. Mis últimos dos registros fueron tomados en el mismo Centro de Control, por médicos de la empresa (que, de hecho, se reunieron con diversas jefaturas cuando por fin decidí marcharme y ponerme en manos del médico).
La Ley dictada a instancias de Aena habla de un 25% de descanso durante el servicio. No es suficiente, por muy legal que sea. En la práctica, eso supone una hora y tres cuartos –que no se cumplen- en cada servicio de mañana o de tarde. En ocasiones esa hora es la primera, no siendo entonces de descanso. Yo habitualmente dedicaba una a desayunar o merendar y la otra, me veía obligado a emplearla redactando informes o escritos por:
-Sobrecarga de tráfico. Varias veces. Cada sobrecarga es un atentado contra la Seguridad
-Reclamación de formación. A este respecto, sólo como ejemplo, valga que el curso de Supervisión, que debería durar varias semanas, se despachó, sólo tras muchas insistencia de Usca, en un par de horas. Otros muchos asuntos que requerían formación se han resuelto desperdigando circulares por la sala.
-Reclamación de descanso. Tanto durante el servicio como entre ellos. Ya he explicado a mis superiores que el descanso no se respeta porque no se computa el imprescindible tiempo del relevo. Y los zulús obligatorios son impresentables.
-Petición de Licencia (la Europea, por tercera vez, ¿me la entregarán algún día?). Sinceramente, prefiero que impere pronto el sentido común y pueda seguir trabajando en España y con mis actuales compañeros, pero de lo contrario quiero poderme marchar sin cortapisas.
-Reclamación de apertura de sectores. He oído que en reuniones algunos jefes, entre los que espero no se encuentre, dicen que “no pasa nada cuando se juntan sectores”: tanto como decir que se puede conducir hasta Málaga a 180 km/h y tampoco pasa nada. La ignorancia es muy osada. E irresponsable, también.
-Solicitud de aclaraciones acerca de procedimientos mal entendidos. Sí, los procedimientos que aplicamos en el día a día. Ha pasado lo siguiente: He expresado que no entiendo parcialmente una circular y la respuesta ha sido que ha aparecido un instructor técnico para decirme que él tampoco. Y así seguimos trabajando.
Recapitulando, muchos problemas que Aena tiene la obligación de solucionar. Y que hacen imposible el buen desempeño de la profesión. Y aumentan la tensión del trabajador, responsable último de cubrir las carencias de su empleador.
Acaso no debería yo haber hecho esos escritos, pues horadaban mi descanso. ¿Por qué Aena no cumplía con sus obligaciones? ¿Por qué tengo que seguir reclamando yo? ¿Por qué nadie me contesta? De Recursos Humanos sigo esperando la respuesta a si se me dispensa un servicio en el mes de febrero de 2010. En entrevista personal, usted me dijo que recibiría respuesta. Ya sé que no me lo va a dispensar “por necesidades del servicio” . Verá que además se ha pasado ya la fecha. Todo esto resulta imposible de aceptar.
En cuanto a mis programaciones, he tenido muy pocos días libres. Quitando los “sleeping day” (que como su nombre indica, son necesarios par recuperarse del servicio de noche), he dispuesto, vacaciones aparte, de tres días libre en mayo (doblando en dos), de ninguno en la parte de junio que me han enviado fuera de fecha; y de tres días libres, doblando otros tres, en julio. Como comprenderá, insuficiente. Los seres humanos no somos infinitamente flexibles. Como las máquinas, tenemos nuestro límite.
Por otra parte, las 1670 horas también son demasiadas, por mucho que aparezcan en la Ley. En otras condiciones hice ésas y más, y podría incluso volver a hacerlas. Insisto: en otras condiciones. No espere que en las actuales haga ninguna hora voluntaria. Tendría demasiado riesgo para mi salud, que antes no era un factor pero que ahora ha pasado a preocuparme mucho.
Por mi propio interés espero que Aena vaya bien. Antes tenía cierta sintonía con los intereses de la empresa. Ahora se me ha agredido de tal manera que mi relación con ella se limitará a lo estrictamente contractual. Antes un controlador (entre ellos, yo) era quien procuraba la mejor ruta, la atención más esmerada para conseguir el máximo ahorro de tiempo y de combustible y total falta de incidentes. Desde que Aena ha redefinido al controlador, su descanso, su formación y su jornada –entre otras cosas-, el controlador bastante tiene con hacer llegar un avión del punto A al punto B como puede con poco peligro para las aeronaves, pero pensando también y sobre todo en salvar el propio pellejo. Aena con todos sus abusos se ahorra un pastón, pero lo pagan con creces los pasajeros y las compañías. Hemos llegado a una situación que, de tan absurda, parecía imposible. ¿A usted esto le importa?
Todo lo precedente, para quien tenía un concepto de una profesión útil y hermosa con una finalidad clara, y se iba a casa satisfecho de lo mucho que había producido, compone una atmósfera de desmotivación -por no decir depresión- total.
Considero que en estas condiciones es muy difícil trabajar. E igual de difícil enfrentarse al retorno después de la baja. A menudo en las citas periódicas mi médico me pregunta si me encuentro en condiciones de volver con ánimos y si duermo bien. Cada vez que me lo planteo duermo mal y me encuentro más desanimado. Le aseguro que no me hace ni puñetera gracia estar de baja: no me viene nada mal pasar el verano en casa con mis hijos, pero en el orden familiar al que antes me refería, lo normal sería ocuparme yo de ellos en lugar de esperar que ellos me cuiden a mi.
No sé cuánto tiempo necesitaré para “reciclarme del todo”, pero usted puede ayudarme. Déme algo de esperanza. ¿Me va a respetar mis turnos de vacaciones? ¿Me va a ofrecer la formación necesaria en nuevos procedimientos? ¿Y en inglés (le recuerdo que tenemos que certificar nuestra capacidad antes de marzo del año que viene)? ¿Y en contingencias? ¿Me va a permitir tomarme al menos seis o siete días libres al mes (como los demás trabajadores yo los necesito)? ¿Me va a contestar a mis escritos? ¿Mis días libres van a ser de verdad libres? ¿Voy a poder acogerme a la LER cuando me toque? ¿Aena va a pagarme los atrasos debidos? ¿Va a seguir pagando el seguro de vida concertado –según se va perjudicando mi salud esto me resulta más preocupante-? ¿Y los demás acuerdos sociales? Todo esto son razones por las que me hice controlador y su resolución me acercaría de nuevo a un equilibrio necesario.
Finalmente, Sra Montoto: cuando un controlador se aparta de su puesto de trabajo más de quince días pierde pericia. No sé cuándo podré volver, pero cuando lo haga quiero hacerlo con garantías: necesito un par de días observando, y después algunos días más con un instructor o supervisor pendiente de mí y buscando periodos de baja densidad de tráfico hasta encontrarme en condiciones de poder controlar otra vez en plenitud. ¿Va usted a facilitármelo?
Cuando me dé la respuesta adecuada y haya concluido mi tratamiento, tomaré junto a mi médico una decisión muy importante que nos interesa a ambos.
Muchas gracias.
Simón A. Rance
simon.a.rance@gmail.com
jueves, 22 de julio de 2010
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
