ATT: Don José Blanco López, Ministro de Fomento
Moralzarzal, a 11 de mayo de 2010
Sr Ministro:
Intento entender todo lo que ha pasado, y a pesar de mi cercanía, no lo consigo. Resulta que los controladores de alguna dependencia –alguna vez Barajas, alguna vez Canarias, y poco más- hacen lo que Vd. y el Sr Lema (Director Presidente de Aena) califican de huelga encubierta, de secuestro de los ciudadanos. Esto ya es motivo más que suficiente para demonizarlos, acosarlos e ir a degüello contra ellos. Con esto gana Vd. crédito político y valoración positiva de los ciudadanos. Muy bien.
Poco después, una sentencia judicial referente a Barajas demuestra no sólo que no hubo huelga, sino que la planificación y programación de Aena eran insuficientes. Las retribuciones, que también arguyeron, fueron las pactadas y además salían de los beneficios de Aena. Los propios controladores habían propuesto aumento de la plantilla para reducir las horas extraordinarias, origen del “problema”.
Usted, de paso, se pone a privatizar , aunque sea parcialmente, el servicio de Control de Tráfico Aéreo. Yo entiendo poco de política y, aunque tengo mi opinión, no es el motivo de este escrito discutir su decisión de la privatización.
Pero algo sí que sé de aviones y de tráfico aéreo, a los que he dedicado los últimos veinte años de mi vida. Me llamo Simón Antonio Rance Hayes y me veo obligado, por razones que ahora verá, a comentar la situación que Vd. ha creado y de la que, por tanto, es responsable. Escribo en nombre propio y sin injerencias ni de sindicato ni de asociación alguna.
Se publica un Real Decreto Ley, después “perfeccionado” por la Ley 9/2010. En su exposición de motivos, dice que los controladores aéreos españoles están obligados a hacer “tan sólo” 1200 horas anuales. En su día, en la negociación colectiva, se propuso esa cantidad porque era una jornada normal, aplicadas las correcciones de tener que trabajar a turnos, con fines de semana, festivos y noches, compensando también la altísima responsabilidad del trabajador. Los controladores europeos de los proveedores comparables a Aena hacen unas 1400 horas anuales escasas de jornada, incluyendo periodos de instrucción y horas extraordinarias. No hay tanta diferencia.
La nueva Ley propone la obligatoriedad de que todos los controladores hagan 1670 horas. Las mismas de una jornada de cuarenta horas semanales descontadas las vacaciones y las fiestas. Se olvida la turnicidad y la responsabilidad. Y se programan aún más en proporción mensual. Entre los ahora obligados hay cientos de trabajadores que no hicieron horas extraordinarias, a los que se ha hurtado la ahora tan de moda conciliación con la vida familiar. Se suma la reducción importantísima de descansos dentro de la jornada.
Es razonable la pretensión de ahorrar en horas extra incrementando las básicas, pero de ahí a imponer por decreto, y de la noche a la mañana, muchas más que nuestros vecinos, y con menores descansos, es excesivo. Le advierto, además, de que las 1670 horas, según mis cuentas, pueden ser insuficientes. ¿Qué hacer cuando se llegue al límite ante las fiestas de fin de año? ¿Volver a acusar a los controladores de secuestrar a los ciudadanos? ¿O decretar aún más horas?
En aquel tiempo, se pudo hacer la jornada tan exagerada que la empresa solicitaba porque los descansos entre jornadas y dentro de la misma eran mayores, y la motivación del controlador era grande. Sí, se cobraba mucho dinero, exactamente el pactado con le empresa, que salía de las tasas que la empresa cobraba en función de que el servicio, como explicaré, era excelente. Como sabe, no cobramos del erario, a diferencia de Vd. Sabíamos que hacíamos mucho bien a las compañías y al país. Cada cual, en función de sus cargas familiares y circunstancias personales hacía la jornada básica y las horas extras que le vinieran bien. Con la situación actual, de descansos reducidos dentro y fuera de ja jornada, sin concesión de permisos, persiguiendo a los trabajadores, y en la que se incluyen los llamados servicios “exprés” (carencia de días libres porque la empresa puede obligar a trabajar sin preaviso) no hay quien arrime el hombro. El plan B para el trabajador, ante cualquier exigencia, claramente expresado en la Ley, es el “despido disciplinario”
Es fácil de entender que en estas nuevas condiciones, los trabajadores del Control estemos desmotivados, cansados, deprimidos, y además, muy sobrecargados. A pesar del doble incremento de horas y de que el Sr Lema Devesa manifiesta que no faltan controladores, se integran todos los días muchos sectores de control, en ruta y aproximación, obligando a un controlador a trabajar en dos sectores. Y, para colmo, cuando todo está ya muy mal, se prescinde de todos los controladores de más de 57 años. ¿Por qué?
La reducción en el salario, no del 30% como dicen, sino de entre eso y un 70%, ha supuesto para muchos tener que poner a la venta el coche o la casa, cambiar el colegio de los niños o renunciar al servicio doméstico que cuidaba necesariamente de los hijos o de los padres porque se trabaja a esas horas tan extrañas. Muchos quebraderos de cabeza repentinos que resultan inaceptables para profesionales que nos ocupamos de que el tráfico aéreo sea seguro y, en la medida de lo posible, ordenado y rápido. Si ha de reducirse el salario, cuestión discutible, creo que hubiera sido razonable establecer unos plazos para irse adaptando a los cambios de una forma menos traumática. Pero claro, había que ganarse a la opinión pública.
El panorama actual, insisto, es de unos profesionales que están fatigados y duermen mal porque a duras penas son capaces de, en dos sectores juntos mal regulados, porporcionar la seguridad de la que viven. Algunos necesitan ansiolíticos o somníferos. Tienen la vista cansada de mirar los radares y recurren a analgésicos durante el servicio. Incluso a pesar del miedo al despido, las bajas médicas van en aumento. Y parece poco probable que mejore la cosa. Ha conseguido Vd. su propósito.
Yo espero que este desbarajuste acabe pronto. Y que nos dejen trabajar en paz, porque los viajeros y las compañías no sólo merecen, sino que necesitan, otra cosa.
Cuando estudié para controlador me enseñaron las máximas de mi trabajo: Seguridad, Orden y Rapidez. En ese orden. Luego, varios de los instructores por cuyas manos he pasado me han perfilado la máxima: Seguridad, Seguridad y Seguridad. Luego, lo demás. Así tiene que ser.
Hay una diferencia muy fundamental entre un controlador de tráfico aéreo fresco, descansado, bien formado, con motivación y trabajando en un solo sector, y otro fatigado, en dos o más sectores unidos, a quien hurtan la formación, el descanso, los días libres y el salario, y a quien además sin razón le han hecho quedar como un delincuente ante la sociedad.
El primero se permite apurar procedimientos, velocidades y separaciones para, dentro de los límites que permite el reglamento, conseguir que los vuelos lleguen ahorrando siempre tiempo y combustible. Es feliz, y se siente orgulloso/a de su trabajo. El controlador genera, en beneficios de varios tipos, bastante más de lo que cuesta.
El segundo trabaja con miedo, protegiéndose a sí mismo y a sus aviones, sin entender bien el fundamento de su trabajo, y generando demoras a consecuencia de la sobrecarga.
Los tripulantes y los pasajeros, en un caso, pueden llegar antes y no perder rotaciones o conexiones. Los operadores, las compañías, se ahorran o pierden muchísimo dinero y tiempo que afecta a las programaciones laborales y a la amortización de las aeronaves.
Cada minuto de cada vuelo puede suponer, sólo en combustible, más o menos veinte euros. Compare esto con los ahorros en tasas que usted propone, y que son sólo económicos: creo recordar que unos sesenta euros de promedio por operación. Usted dispone de las estadísticas, yo he vivido muy de cerca la realidad de los últimos meses. Calculo que se han producido –sólo en combustible- pérdidas de muchos millones de euros para las compañías sólo en el área terminal de Madrid. Son incalculables las otras pérdidas. No pretendo tener la razón: pregunte a los operadores si prefieren pagar más tasas o tener todos los perjuicios que desde el Decreto se han producido. No creo que haya dudas. Y sepa que además la nube ceniza ha ayudado a tapar el problema, que hubiera podido ser aún peor.
Entiendo que pueda parecer demagógico, catastrofista, interesado o exagerado lo que voy a decir, pero eso no impedirá que lo diga. Mi compromiso con la Seguridad es inquebrantable. Desde un tiempo a esta parte han aumentado los incidentes de tráfico aéreo. Yo lo vivo todos los días (bueno, todos no, en mayo tengo tres días libres, aunque a cambio doblo dos). Hay que decirlo bien claro y con letras grandes, a este paso
VA A HABER UN ACCIDENTE AÉREO.
Se va a caer un avión. Podría estar equivocado: en dos sentidos. Quizá no caiga ninguno o, como puntualizó un compañero cuando le comenté que esto había que ponerlo en conocimiento del Ministro, los aviones suelen caer de dos en dos.
Lo que le comento no pretende de ninguna de las maneras ser una amenaza sino un generoso preaviso para usted y para los gestores de Aena: en recientes accidentes aéreos la Justicia se ha pronunciado sobre todo contra los gestores por no permitir que los controladores trabajen en condiciones adecuadas. Ningún interés económico puede estar por encima de la Seguridad. Cuando escribo, esto tiene aún solución.
En aviación la Seguridad se basa en duplicidad y previsión. Los equipos se duplican y los controladores deberían sobrar en lugar de faltar. En Francia hay 4000, aquí 2300. Hace falta preparar controladores nuevos ya. Y muchos. Cuando estén los necesarios, ya no habrá ni jornadas básicas absurdas ni horas extra demasiado caras..
Las incidencias tienen que preverse. Las situaciones de riesgo, notificarse para que pueda ponerse remedio antes de que se produzca un accidente. Esto es lo que hoy me obliga a dirigirme a usted. Como le dije al Sr. Lema Devesa en dos cartas que le adjunto porque pueden ampliar su conocimiento, todo tiene un límite. Y claramente, se ha superado.
Es fácil criticar, pero difícil aportar soluciones. No obstante, lo voy a intentar. Por supuesto sin pretender tener la razón. Propongo, para ajustar la oferta a la demanda y la mentalidad del profesional a la exigencia de la tarea:
1. Pedir a los compañeros de 57 años, que fueron fulminados recientemente, que vuelvan a la frecuencia, donde se les necesita. Su eliminación no tiene ningún sentido. En Reino Unido, por ejemplo, los controladores se jubilan con sesenta y cinco años, y se tiene establecido un sistema de prejubilaciones para trabajadores que pierden reflejos, vista, oído o motivación para trabajar. ¿Va usted a prohibir a las aeronaves españolas operar en países donde se permita trabajar a controladores de más de 57 años?
2. Aumente nuevamente los descansos durante la jornada. Se ha demostrado que la productividad de los controladores, digan lo que digan las estadísticas de Eurocontrol que Vd manejó, puede ser mucho mayor si se les permite trabajar relajados.
3. Partiendo de lo anterior, pida a los trabajadores que hagan horas extras y remunérelas adecuadamente. Quizá sea difícil conseguirlo, pero las hicieron antes. Para ello habrá que convencerles de que hacer horas extra no es un delito. ¿O lo sigue siendo?
4. Elimine los acosos al trabajador: haga respetar la concesión de permisos de lactancia y de reducción de jornada a quien tenga ese derecho. Haga publicar las programaciones con tres meses de antelación (esto no cuesta dinero). Permita que fichemos sólo una vez en el centro de trabajo y devuélvanos la formación imprescindible para llevar a cabo nuestro trabajo con garantías.
5. Elimine toda figura de despido disciplinario de las normas.
6. Lo más importante: salga usted, o en su defecto el Sr Lema, a los medios para reconocer que la demonización del colectivo de controladores de tráfico aéreo españoles no tenía fundamento: los datos que Aena proporcionaba a Eurocontrol eran parciales o falsos, muchos controladores cobraban menos de cuatro mil euros mensuales y la productividad era de 1750 horas anuales frente a 1400 de los otros europeos. Diga que la propia Aena habia optado, erróneamente, por exprimir a pocos trabajadores ahorrando costes fijos, en lugar de formar a otros nuevos. Diga, finalmente, de dónde viene realmente el déficit de Aena. Esta medida podría ser la más efectiva de todas para mejorar el clima.
Disculpe, me estoy dando cuenta de que lo que sugiero se parece mucho a lo que teníamos antes y que el Real Decreto destrozó.
No obstante, todavía hay otra solución:
Cierre un día o dos a la semana el espacio aéreo español. Esto me parece una locura, pero permitiría compatibilizar su proyecto con la Seguridad aérea imprescindible. Con esto, al menos, los controladores no superarían el límite de horas y tendrían unos descansos razonables. ¿O prefiere usted seguir jugando a la ruleta rusa, perjudicando a todos, a ver si hay suerte?
Finalmente, haga lo que le venimos pidiendo desde hace meses: haga más controladores, españoles –reduzca el paro- y bien cualificados. Y hágalo rápido; un controlador tarda tres años en formarse. En la situación económica general que vivimos, España no puede permitirse el lujo de reducir la dimensión del Turismo.
Y haga lo que haga para el futuro, permítame que le aconseje a través de las palabras que pronunció su jefe el pasado 23 de febrero. Suenan especialmente irónicas en este contexto, pero no les falta fundamento general: “éste es un Gobierno que escucha, no es un Gobierno, ni lo ha sido, ni lo va a ser, de 'decretazos', y menos en el ámbito de las relaciones laborales”. ¡Qué bonito!
Vd. hizo la ley; creo que España necesita ahora que haga la trampa.
Un saludo.
Simón Antonio Rance Hayes.
simon.a.rance@gmail.com
viernes, 21 de mayo de 2010
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Premonitorio.
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